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  Factores emocionales de la epilepsia

La epilepsia es una patología orgánica con toda una serie de características que no se deben dejar de tomar en cuenta, pero esta enfermedad podría convertirse en un síntoma, desde el punto de vista psicoanalítico, algunas de cuyas crisis pueden autoprovocarse.

Introducción

Actualmente, la epilepsia es considerada como una perturbación del sistema nervioso central que implica la imposibilidad transitoria de mantener el equilibrio metabólico de ciertas células nerviosas.

Este estado de desequilibrio produce la excitación de las células. De acuerdo a la localización de éstas en el cerebro, y la rapidez con la que se difunde la excitación, surgen síntomas cuya intensidad abarca un amplio espectro, desde las convulsiones con pérdida de conciencia hasta interrupciones muy breves de la atención.

Se manifiesta a través de trastornos en la conducta y en el estado de ánimo. Pero no todos los epilépticos tienen ataques convulsivos, los fenómenos epilépticos varían desde las convulsiones hasta la conducta normal.

Tipos de epilepsia

La epilepsia suele ser clasificada teniendo en cuenta su factor causal. Se habla de Epilepsia sintomática cuando las crisis tienen un origen conocido, y de Epilepsia idiopática cuando no puede encontrarse una anormalidad en el cerebro o el resto de la economía corporal y resulta imposible determinar el lugar de origen de las crisis. La epilepsia sintomática se subdivide en dos clases:

  1. Una enfermedad definida irrita determinadas células nerviosas, que a su vez dan origen a una descarga eléctrica; cuando esta descarga se "propaga" sobreviene un "ataque" o convulsión. El lugar de origen de una descarga se denomina Foco.

  2. El proceso patológico no se localiza en el cerebro sino en otros sitios, como por ejemplo una afección cardíaca o pulmonar puede impedir el flujo normal de oxígeno al cerebro y determinar un ataque.

La crisis del Gran Mal

Es la forma más común de crisis epiléptica, comprende casi el 50% de los ataques epilépticos. Generalmente está precedida por un período premonitorio, un pródromo de larga duración o un aura breve. El pródromo es una sensación que puede aparecer varias horas antes de un ataque, el individuo se siente deprimido y tenso.

El aura es de corta duración y en su transcurso el paciente puede percibir olores extraños o sentir hormigueos en las manos. Esto no tarda en desaparecer durante la fase tónica de la crisis, en que los músculos se contraen rígidamente. A menudo, el paciente lanza un grito. La fase clónica que le sigue, se caracteriza por sacudidas espasmódicas y contracciones musculares. Sobreviene un período de pérdida de conciencia, y la crisis suele terminar en un sueño profundo que dura algunos minutos o varias horas.

El pequeño mal (o Petit Mal)

Es la forma más simple y breve de crisis epiléptica. Generalmente no se acompaña de pródromo ni de aura, y no hay una fase identificable de recuperación. Se trata de una interrupción muy breve de la conciencia. La persona se puede callar de pronto en la imitad de una conversación, parecer momentáneamente distraída. También es posible observar sacudidas musculares en brazos y piernas. En algunos casos, estos síntomas llegan a ser bastante notorios.

La Crisis Jacksoniana

En este tipo de crisis, el paciente no pierde la conciencia o el sentido de la realidad, al contrario de lo que ocurre en las dos formas anteriores. Puede dar cuenta de su experiencia, ya que se mantiene lúcido. Esta crisis puede comenzar por una sensación de hormigueo en las manos, o por un movimiento involuntario en un dedo, que se difunde por todo el brazo. El miembro afectado puede quedar debilitado por algunas horas o hasta días.

La Crisis psicomotora

Es la más frecuente después de la del Gran Mal, y representa entre el 35% y el 40% de todas las crisis epilépticas. Se origina en un pequeño foco cerebral, localizado a menudo en el lóbulo temporal. La descarga puede difundirse lentamente por el cerebro, sin provocar convulsiones.

La persona con crisis psicomotora muestra una conducta extraña, y a menudo agresiva. Los fenómenos vinculados con esta clase de crisis parecen depender de la parte del lóbulo temporal afectada. El paciente puede tener sensaciones olfativas o auditivas, percibir un olor desagradable, oír voces conocidas, un zumbido o un sonido muy agudo, tener experiencias de "deja vu" (sensaciones que implican volver a experimentar vívidamente escenas de la infancia) o "jamais vu" (sensación de extrañeza aún estando en la propia casa).

Es en esta forma de epilepsia en la cual los factores psicológicos contribuyen de manera más clara a determinar el tipo de ataque. Es el tipo de epilepsia que puede interesar más al psicoterapeuta, ya que muchos de los síntomas neurológicos de este trastorno son pasibles de ser interpretados erróneamente como puramente psicológicos.

Posición de Freud en relación a la epilepsia

Freud no vacila en ubicarla en determinante que va más allá de lo orgánico, centrándolo en el Edipo, en la relación ambivalente con el padre y el deseo de muerte hacia el mismo. Para Freud, un sujeto puede ser neurótico y epiléptico, o sea que éstas no son categorías que se superponen ni se corresponden.

Freud une específicamente el ataque de epilepsia con este carácter de ambivalencia hacia el padre, centrado en el temor a la castración, el amor por el padre y el intento de suplantarlo; el parricidio es el eje a través del cual piensa Freud a este ataque convulsivo, y no desde ninguna organicidad.

Freud dirá que es necesario distinguir entre una Epilepsia orgánica y una afectiva, y que esta distinción significa que quien padece de una epilepsia afectiva es un neurótico. En el primer caso, su vida anímica tiene una perturbación que le es ajena y proviene del interior y en el segundo caso, la perturbación es una manifestación de la vida anímica misma.

Crisis epiléptica y Crisis histérica

Una crisis epiléptica no es una epilepsia. La crisis epiléptica se presenta como un acontecimiento recortado en el tiempo, de presentación y terminación brusca, sobre una situación de normalidad.

Esta definición permite destacar la diferencia entre una crisis epiléptica y una crisis de tipo histérica que tiende a confundirse con la primera. Históricamente, esta confusión estuvo dada por la internación conjunta de histéricos y epilépticos en las salas de neurología, lo que generaba muchas veces una identificación de las histéricas con las otras pacientes y las llevaba a la imitación de una crisis epiléptica.

Se puede diferenciar una crisis histérica de una epiléptica en que la primera se presenta siempre ante terceros, y nunca se lastiman, en la fase de relajamiento no se presenta la falta de control de esfínteres y conserva conciencia de los episodios. El paciente epiléptico está definido desde parámetros básicamente neurológicos, no psiquiátricos, y, como estructura desde el punto de vista clínico psiquiátrico, puede corresponder, o no, a una neurosis, perversión, o psicosis, decir que alguien es epiléptico no implica ningún diagnóstico desde el punto de vista psiquiátrico.

Hubo un momento histórico en el cual la psiquiatría hablaba de una "Personalidad epiléptica", pero esto contrapuesto a un discurso psicoanalítico, podríamos decir que los rasgos que esta enfermedad orgánica determinan en un sujeto, no dan pauta de la estructura psíquica en la cual el mismo se sitúa.

Factores emocionales

Puede ocurrir que factores emocionales originen una crisis epiléptica en un enfermo, o bien, algún tipo de situación psíquica pueda producirse a raíz de la conciencia de la enfermedad por parte del paciente, o una situación familiar que se produce a partir de un integrante que sufra esta enfermedad.

La epilepsia es una patología orgánica con toda una serie de características que no se deben dejar de tomar en cuenta, pero esta enfermedad podría convertirse en un síntoma, desde el punto de vista psicoanalítico, tanto dentro de una familia como para el paciente mismo, en su propia estructura subjetiva.

Entre las epilepsias, existen algunas de cuyas crisis pueden auto provocarse, en nuestro rol de psicólogos o bien psicoanalistas, es necesario tener en cuenta como este síntoma puede llegar a ser utilizado en algún contexto específico.

Diagnóstico de la epilepsia

Muchas preguntas, y también respuestas surgieron a partir del estudio de un Diagnóstico diferencial, y ante este, se pone en juego lo interdisciplinario y lo transdisciplinario, es aquí donde los diferentes discursos se entrecruzan.

La epilepsia es una enfermedad que se diagnostica clínica y encefalográficamente. Clínicamente se determina su carácter recurrente, es decir, el carácter repetido de las crisis epilépticas y la presencia de ciertas alteraciones específicas en el electroencefalograma, importante instrumento de diagnóstico en este tipo de patología, en tanto su lectura sea cuidadosa.

Hay que tener en cuenta que un paciente epiléptico puede tener un EEG confirmativo, sospechoso, o incluso normal, el EEG en un paciente sospechoso de epilepsia debe asociarse a una adecuada anamnesis y examen neurológico, y a una adecuada valoración clínica, e incluso a técnicas de activación o monitoreo, no es suficiente como único método de diagnóstico. Existen tests, como el de Bender, por medio de los cuales, y a través de ciertos rasgos específicos, es posible determinar la posible existencia de una patología epiléptica.

Bibliografía

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Freud, Sigmund - Apreciaciones generales sobre el ataque histérico (1909)
Freud, Sigmund - Dostoievsky y el parricidio (1928)
Argañaraz, Juan de la Cruz - Psicopatologia y psicoanálisis. Una perspectiva desde Lakatos
Henry Hey, P. Bernard, Ch Brisset - Tratado de Psiquiatría (Seción I.- Enfermedades mentales agudas, Cap.VII Epilepsia)
Jean de Ajuriaguerra - Manual de Psiquiatria Infantil

Lic. Ariel Víctor Fernández
MN 22038

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