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  Ciencia y Psicoanálisis en la Institución Pública

Nadie podría negar hoy la eficacia de la ciencia moderna, lo cual justificaría que tratemos de incluir nuestra disciplina, el psicoanálisis, dentro del campo de la ciencia, resulta casi inevitable tratar de ubicar al psicoanálisis dentro del prestigioso campo de la ciencia moderna. Paradójicamente, se necesitó que se desarrolle la ciencia moderna para que surja el psicoanálisis.

La Institución Pública de Salud Mental

Dentro de la institución pública, la tentación de hacer entrar al psicoanálisis por los carriles de la ciencia puede ser aún mayor, ya que está en contacto con diversos matices e instancias que parecen ser más afines al modelo científico, sobre todo con el modelo médico.
La práctica médica, sin decir que es una ciencia, si es una práctica que se articula, se apoya en investigación y fundamentos de la ciencia moderna. La medicina además tuvo un prestigio de ser una ciencia aun antes de serlo. Basta con observar los procedimientos médicos de hace solamente 200 años.

El analista en la institución pública está atravesado por otras funciones: del psicólogo, del agente de salud. Ser agente de salud es una forma de amor, que no es ser amigos. Ésta no es la ética del psicoanálisis. La ética del psicoanálisis no es la ética del bienestar psicofísico. El psicoanalista está atravesado por estas dos éticas; una división que no es suturable.

La otra grieta que se abre en el psicoanálisis es una brecha que existe desde su misma invención. Desde sus primeros trabajos, cuando Freud pasa de ser un neurólogo a ser un psicoanalista, introduce un corte radical entre anatomía y fisiología del sistema nervioso y síntoma histérico. Esta brecha, pese a los importantes descubrimientos realizados por el mismo Freud y algunos de sus continuadores (Klein, Winnicott y Lacan), nunca se cerró y aún continúa abriéndose. El psicoanálisis nunca será una neurociencia.

Este gesto de no intentar incorporar forzadamente al psicoanálisis dentro del campo no es una posición oscurantista o que pretenda negar todo progreso posible, es la respuesta a la forclusión del sujeto que propone la ciencia al intentar reducir a su mínima expresión el efecto sujeto dentro de la experiencia científica.

El discurso científico no se lleva bien con el síntoma histérico, no quiere saber nada de la verdad que éste conlleva, es más, el término mismo "histeria" ha sido reprimido del D. S. M. en su cuarta versión. Sin embargo, subyace una cuestión no poco importante -no es la única- que sí, acerca al psicoanálisis a la ciencia. El psicoanálisis no es una ciencia, pero el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia.

El sujeto cartesiano es el resultado de una operación que subvierte el modelo tradicional, el sujeto del cogito es un sujeto vaciado de todos los contenidos, su única certeza es su existencia, propuesta a partir de esta operación: "Yo pienso". Descartes no cree ni en la experiencia ni en los sentidos, no cree ni en la estructura ni en la historia.

Lacan le da otra vuelta que no formuló Descartes. Para pensar el "yo pienso", tuvo que decirlo. El lenguaje no es un momento posterior al pensamiento. Y otra consecuencia es que la formulación "yo pienso" participa de la misma formulación lógica del "yo miento". Este efecto del lenguaje es el que la ciencia no quiere tener y del que busca desprenderse. Pero este sujeto sí es el que le interesa al analista, y es necesario que le ceda la palabra para no expulsarlo aún en nombre del bienestar, la salud, la ciencia, etc.

La regla analítica misma deja al psicoanálisis fuera de la ciencia. El saber no está del lado del analista como sí lo está en la ciencia del lado del científico. No lo está ni en su causalidad, ni en su descripción ni en su finalidad. La interpretación para ser tal deberá operar con el material aportado y recortado por el analizado y serán sus asociaciones las que confirmarán a posteriori si se trató de una interpretación.

Pero sí creemos que el no ser una ciencia no tendría que impedirle al psicoanálisis el ser riguroso, aunque esta rigurosidad no esté siempre pensada en términos de la rigurosidad de las ciencias positivas. Muchas veces tenemos intervenciones que podemos situar dentro del campo de lo imaginario, algunas que incluso se pueden situar por fuera de la abstinencia y aun ser definidas como lo que se podría llamar sugestión. Sería bueno poder demarcar en estos casos cuándo y por qué las hacemos.

El psicoanálisis, así como prescinde de la sugestión (como fin), también prescinde de metas terapéuticas predeterminadas, de resultados, loaros v tiempos de tratamiento que lo ubicarían definitivamente por fuera de su campo, y desconocerían al sujeto nuevamente, así como a su división y a la causa de la misma.

Otro discurso que choca necesariamente con el psicoanálisis y que está articulado con lo anterior, es el del modelo eficiente, que es distinto del eficaz, que sí puede serlo un psicoanálisis. En estos tiempos se incorporó al sistema de salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires una figura que es algo así como un agente de recursos del Hospital, con una función paralela a la del Director. Tal vez esta incorporación constituya un paso previo a la salud ligada a la conveniencia económica.

Las políticas hospitalarias dejan de estar regidas por un modelo de salud para estar subordinadas a los intereses económicos; en este sentido podríamos decir que "el tiempo es oro". El tratar de ser lo más riguroso posible no debería ceder a la tentación de convertirse en una ciencia que pretenda incluir los últimos logros de la informática o la biología (lo que le daría un status de ciencia y lo haría más vendible en el mercado actual). Los cobayos, las computadoras, reproducen igualmente mal al sujeto como el perro de Pavlov.

Lo que saca al psicoanálisis de ser una filosofía existencial es que tiene una pata en lo real, pero el real del psicoanálisis no es un real medible ni predecible, aunque se lo pueda calcular. El síntoma tiene una cara real; es un punto de certeza, es decir, de algo que no entra en el discurso y que muchas veces es lo cual sostiene una existencia que aparece cada vez más alienada a tos modelos comunicacionales y a una alienación a una sociedad que parece cada vez más consumista y que necesita dejar afuera todo rezago de singularidad de los individuos que no entra en su lógica de mercado.

El prestigio y la eficacia de la ciencia actual podrían justificar que los psicoanalistas intenten incluir el psicoanálisis dentro de la ciencia. Freud en sus comienzos, recordémoslo, tenía un fuerte compromiso con la ciencia positiva, creía incluso que la ciencia finalmente triunfaría sobre la religión.

Pero siempre cuidó y fue riguroso en no cerrar artificialmente la brecha abierta en sus orígenes entre psicoanálisis y ciencia. Cuidado que, creemos, sería bueno seguir teniendo, aun apostando a un progreso del psicoanálisis, incluso un posible progreso en este campo quizás no habría que pensarlo corno un evolucionismo lineal, como una flecha hacia el futuro, tampoco desde luego corno una flecha que apunte al pasado, sería bueno como dice Lacan en el Seminario XI que alguna vez podamos dejar de nombrar a Freud y también a Lacan para autorizarnos.

Nadie, para hablar de química, necesita forzosamente apoyarse en Lavoisier. Podría pensarse más bien como una temporalidad pentagramática que re-signifique el pasado desde el futuro pero donde al mismo tiempo el pasado re-significa el futuro; lo cual implica complejizar la idea de progreso acumulativo de la ciencia moderna.

Bibliografía

Lacan, Jacques, Seminario I: Los Escritos Técnicos de Freud
Lacan, Jacques, Seminario III Las Psicosis
Lacan, Jacques, Seminario X La Angustia
Lacan, Jacques, Seminario XI Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis
Alfredo Eidelsztein, La ciencia y el psicoanálisis
Alfredo Eidelsztein, Estructuras clínicas a partir de Lacan

Lic. Ariel Víctor Fernández
MN 22038

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